sábado, 13 de mayo de 2017

Por escrito.



Hay una canción (de Leiva) que dice “para dejar por escrito que no voy a abandonar”. Porque sí, cualquier cosa, si la dejas por escrito se queda. Por eso a veces una escribe lo que no quiere que se olvide, lo que quiere inmortalizar.

Así descubro yo cuándo algo me gusta de verdad; porque quiero escribirlo. Las cosas, las personas importantes en mi vida me hacen desear escribir. Sentir la necesidad de convertirlas en literatura, a veces para que se queden y otras veces, para que se vayan. Y es curioso. También lo que quieres dejar ir, se va cuando lo escribes. Cuando lo sacas, cuando lo sueltas. 

Escribí un libro porque había cosas que quería hacer eternas, y un día me di cuenta que lo que realmente hice fue dejar que aquello se marchara. En el mejor de los sentidos, para hacerme bien.

Durante mucho tiempo pensé que había cosas que nunca volvería a vivir, que el corazón no me volvería a latir así. Que nadie me inspiraría unas letras más bonitas. Y de repente me encuentro un día tras otro delante del folio en blanco, sin saber cómo o qué expresar, pero no porque no tenga nada que decir, sino porque tengo tantas cosas deseando salir de mí que no encuentran la forma. 

Y ya no sé si es bueno o malo, pero quiero dejarlo por escrito.

domingo, 30 de abril de 2017

Fin de ciclo



Los cambios son tan necesarios como inevitables. Y todo ciclo se acaba cerrando, incluso las cosas que creas desde lo más profundo del corazón.

Alma de superhéroe no ha muerto, va a vivir siempre en muchos lugares (desde luego en mí), pero hace un tiempo que ya no tiene el mismo sentido que cuando nació. 

Y en este rincón, y bajo ese título, yo ya no me encontraba. Probablemente yo ya no era. 

Creo que mi alma llegó a las manos (y ojalá al corazón) de cuantas personas yo creía imprescindible que así fuera. Y a muchas más de las que imaginaba. Y probablemente aún siga llegando a otras tantas. Pero para mí, el objetivo, el sentido, la razón… se culminó.

Así que cuando un sueño ya se ha vivido al máximo, a una le pasa el tiempo irremediablemente, y el destino te pone delante ciertas historias… es necesario renovar. Porque lo que ya no es por dentro, tiene que dejar de ser también por fuera.

Y lo que comienza, cambia o evoluciona dentro, tiene que ser aquí también. 

Un día te levantas y decides que vas a escribir un libro, y por qué no. Te desnudas, te desangras, lo sueñas fuerte y luego superas hasta el mejor de tus sueños.

Igualmente un día crees que ya has vivido en los ojos más bonitos del mundo, y sólo sabes que has avanzado cuando respiras en otros aunque sea una noche. Y ya está. Es el momento. 

Lista para seguir atravesando tormentas.

“Déjame que sea” también soy yo.

sábado, 15 de abril de 2017

Sábado en abril



Aquí se vuelve cuando hay algo que contar, que soltar o puede que destruir. Aquí se transforman las coincidencias, las casualidades y los porqués. 

Los menos mal.

Lo que nace de sólo un par de amaneceres. De esos en los que abrir los ojos es mejor que seguir soñando.

Y entre tanto ruido, tanta gente, tanto ron y tanta vida… yo solo quiero que mañana nos resucites tú.

lunes, 24 de octubre de 2016

Accesos



Hablando de todo un poco hace unos días con una amiga mientras viajábamos en coche, me decía lo mal comunicada que está Moratalla. Decíamos, básicamente, que si vienes a Moratalla es porque vas allí, únicamente; que no “pilla de paso” si vas a cualquier otro sitio.

Algo que, a priori parece negativo. Pero yo creo que no.

Lo bueno de ser un lugar de “difícil acceso” es que sabes que si alguien viene, lo hace de verdad. No quedan dudas. 

Creo que también hay personas mejor comunicadas que otras, personas que pillan de paso y personas a las que sólo vas si quieres llegar a ellas de verdad. Personas que tienen la autovía al lado, y personas que están en lo alto de la montaña.

A veces pensamos que lo fácil siempre es lo mejor; que los demás siempre van a preferir llegar a nosotros si les simplificamos el camino. No digo que a veces no resulte más cómodo y positivo, incluso que sea necesario de vez en cuando. Pero yo prefiero saber que alguien viene por mí, no porque pasaba por aquí. Prefiero que me quieran con mis curvas, mis cuestas y mi lejanía. Que hagan los kilómetros incansablemente porque al final estoy yo, y merece la pena. 

Prefiero a quienes entienden que los problemas de comunicación no le quitan valor a nadie, sino que nos ofrecen la posibilidad de viajar por lugares que probablemente en nadie más vamos a encontrar. Que son únicos, pedregosos a veces, pero exclusivos.

Así no me caben dudas, así sé quién viene porque quiere venir. A quién dejo entrar y a quién no. Quién me espera fácil y quién me quiere a pesar de lo difícil.

lunes, 10 de octubre de 2016

Octubre



Me he hecho a tomar café y no sé si es porque tuve que subir el ritmo, o si el ritmo ha subido porque me he hecho a tomar café. Cuando te despiertas y no es donde siempre, abres más los ojos. Que a lo mejor antes no te estabas despertando y sólo estabas abriendo los ojos.

En uno de estos despertares entendí que a lo mejor nunca se deja de querer, o eso aún no lo sé, pero sí se deja de otras muchas cosas. Sí se deja de adorar, de respetar, de admirar y de sonreír. Y ya no sé si se sigue queriendo por inercia, por química o por (auto)imposición; pero seguramente no tenga sentido. 

En otros he ido aprendiendo que casi nunca, nada, está repartido como las personas merecen. Y aunque debiera ser el principio más básico, no lo es. 

La vida está llena de cualquieras que quieren a ratos, que se entregan a medias, que duelen y que abandonan. Y probablemente acabarán más llegando más alto que los que lo dan todo, los que se quedan siempre y nunca te dejan. 

Octubre, el ritmo, el café, la ciudad, las prisas y la realidad me han recordado que para el amor uno tiene que ser valiente. No solo para ser un buen amante, atrevido, incondicional, leal y apasionado; sino para ser (y qué importante es ser) un buen amado, digno de tanto como el amante es capaz de entregarle.

Y es tan difícil que al final siempre hay un día que duele. Le duele al valiente porque se arriesga, porque se expone, porque se da, en todo su ser. 

Pero llegará noviembre, y me aventuro a firmar que volveremos a hacerlo.