Pues hoy
que es 21 de enero creo que ha quedado un buen día para decirte que gracias. Por
enseñarme que nunca nada, nadie, merece tanto mi pena. Pero que al final
siempre merece la pena haberlo intentado. Que mi ilusión siempre gana a todas
las decepciones, por eso sigo creyendo. Y menos mal. Que a quien no quiere
quedarse no hay que pedírselo. Que por cada persona que quiere irse hay, al
menos, dos que quieren llegar, estar y permanecer. Que sigue existiendo el
poder curativo de un reencuentro, de un café que se alarga a merienda, de un
mensaje escrito al azar que te hacer reír como una imbécil. Que en mi equipo
quiero siempre a los que suman. Que retener, empeñarse y estancarse nunca
sirve. Que hay que dejar que vuele aunque sea muy lejos de ti (de mí). Que merezco
que alguien me quiera tanto como yo a ti. Que es mejor ir haciendo hueco siendo
siempre lo que soy, que querer ser otra cosa para ocupar un lugar al que en
realidad no pertenezco. Que no tengo por qué conformarme. Que todo pasa. Que todo
llega. Que todo se va. Y todo sigue aunque sea sin ti, sin nada. Porque siempre
queda algo. Siempre quedo yo.
domingo, 21 de enero de 2018
viernes, 5 de enero de 2018
Propósitos y deseos
No
sé si aún llego a tiempo de pedir algo. Como si llegar tarde fuese la razón por
la que nunca llega, por la que nunca se cumple. Así que, qué más da.
Del
2017 he aprendido que soy capaz de malgastar todos mis deseos, estrellas
fugaces, velas de cumpleaños y “rezos” antes de dormir; en cosas que nunca van
a llegar. Y aun así, lo último que hice el 31 de diciembre, a las 23:55h fue
escribir en un papel lo que quería pedirle al 2018. Las doce uvas, los doce
meses, volví a usarlos y supongo, a malgastarlos. Porque no se cumple, porque
es mentira.
Hoy
creo que una no desea, una se propone. Se propone y se busca la vida para
traerlo, y entonces ya veremos si la vida te deja. Si te sopla a favor o en
contra. Y la verdad, casi siempre te pega en la frente.
Así
que para el 2018 me he propuesto dejar de hacerlo. Dejar de desear, dejar de
pedir, dejar de creer. No malgastar estrellas fugaces, ni las velas de los 30,
ni las próximas doce uvas. No querer muy fuerte nada antes de dormir. Ni al
despertar tampoco. No esperar nunca que llegue la suerte. No esperar. Nunca.
Y
por si cumpliera, le pido que se lleve. Que se lleve sueños que no existen,
mochilas que pesan, lastres y todo lo que duele.
Le
pido que se acabe lo que ahoga, y respirar. Solo respirar.
domingo, 24 de diciembre de 2017
Sombras navideñas
El otro día
iba caminando por la calle y de repente me di cuenta de que estaba proyectando
dos sombras. A veces incluso tres. Lo primero que hice, muy disimuladamente,
fue mirar de reojo, pensando que quizá había otra persona caminando a mi lado. Con un poco de tensión, lo
reconozco.
Pero no. No
había nadie más. Las dos sombras (incluso la tercera) las proyectaba yo misma. Y
supongo que será normal pero yo me quedé pensando y desde entonces le he dado
muchas explicaciones dentro de mi cabeza.
Que a lo
mejor, una nunca camina sola del todo. Que siempre hay algo o alguien que me
acompaña aunque solo sea dentro de mí, aunque no lo tenga al lado físicamente,
aunque no lo vea cuando miro de reojo.
O que quizá
soy demasiadas partes de mí misma como para proyectarme en una sola silueta. Que
tengo demasiadas sombras con las que vivo y convivo. Quizá esas sombras son lo
que soy, o lo que me gustaría ser. O lo que querría dejar de ser pero no puedo.
Puede que
la doble sombra sea la representación de que todo en la vida tiene dos caras,
dos partes. La cara y la cruz, la risa y el llanto, el bueno y el malo, hablar
o callarse.
Puede que
fueran todas las partes de mí intentando salir, peleando por ganar. La que me
dice siempre que piense, que utilice la cabeza; y la que me dice que me deje
llevar. La que me dice que lo deje ir y la que me dice que no puedo soltarlo.
La que
quiere seguir siempre soñando muy alto y la que la agarra fuerte para
mantenerla en el suelo. La que dice que no merece la pena y la que dice que
quizá sí, un poco más. La que sabe que hay que irse y la que siempre quiere
quedarse.
La que dice
que no lo haga, que no lo diga, que no lo escriba… y la que dice hazlo, dilo,
escríbelo. Llámala, no la llames. Lánzate, te vas a matar. Tíralo, luego lo vas
a necesitar.
Así que
supongo que no puedo proyectar una sola sombra porque soy demasiadas cosas que
pelean entre sí o que tal vez solo intentan convivir, pero que necesitan salir.
Y yo no sé cuál es la buena. La soñadora o la racional, la práctica o la
visceral, la prudente o la que se lanza. La luz o la oscuridad. No lo sé pero
siempre le doy la oportunidad a todas. Siempre intento dejarme ser. Y cuando
dejo que fluya la sombra equivocada y me duele, solo espero que pase y seguir. Sin
dejar nunca que ese error ni ese dolor me hagan encarcelar ninguna de mis
partes, sin oprimir ninguna de mis sombras, sin dejar de ser todas las
posibilidades. Sigo siendo todas, toda la gama, todos los extremos. Y sigo
soñando con los pies en el suelo, y sigo diciéndolo aunque me guarde algunas
palabras, y me marcho aunque sea poco a poco, o me quedo aunque no sea del
todo.
Solo intento
dejar ser a todas mis sombras porque al final, todas soy yo. Porque ninguna es
mejor, ninguna es la buena. Solo hay que lograr el equilibrio, solo tiene que
compensar.
Y la
verdad, y menos mal… es que por mucho que me duela ser alguna de mis sombras, siempre
compensa.
lunes, 27 de noviembre de 2017
Que cambie todo...
[La
otra parte de la historia. Mi otra parte. El origen, la razón. Ella, de primera
mano. Cuando le propuse esto tampoco se lo pensó, no lo dudó. “Claro que sí,
cuenta con ello”. Es la primera vez que alguien que no soy yo escribe en este blog. Qué menos, ¿no?
Y
antes de nada yo solo puedo darle las gracias. Por querer, por hacerlo, por
adaptarse. Porque sé que si no fuese porque YO se lo he pedido, ella no lo
habría hecho. Porque no lo necesita. Porque estas no son sus maneras, este no
es su estilo, ella no “funciona” así. No abre el alma con facilidad, no dice
demasiado. Y ha dejado ver un trozo de sí misma para todos vosotros sólo porque
yo quería que lo hiciera.
Lo
primero que me llamó la atención cuando leí lo que había escrito, es que le
había puesto título, “Que cambie todo”. Luego, además, se me escaparon algunas
lágrimas y unas risas, también.
Aquí
lo tenéis, o la tenéis, a ella.]
QUE CAMBIE TODO
Ya
lo dijo Juanes… “que cambie todo, pero no el amor”
El
amor en todas sus formas, la forma de amar, la forma de querer.
Que
no dejemos de tenernos, que no cambiemos el querernos.
Que
sigamos siendo tan únicas y esto nuestro, tan imperturbable en el tiempo y la
distancia.
Que
nos enfademos, nos desesperemos… que nos demos capones, e incluso, ¡que nos
odiemos! pero que no cambie el amor.
Que
tú sigas creciendo, que yo avance a trompicones, pero que siempre tengamos
nuestra isla, nuestro pequeño paraíso allí donde estemos cada una.
Que
siempre seamos familia.
Me
has regalado una casa siempre, un hogar al que volver cuando lo merecí, y
también (y sobre todo) cuando no.
Que
siempre me engañes cuando quieras reír, porque yo siempre me voy a creer todo
lo que tú me digas.
“Siempre”,
mucho “siempre” en este escrito… pero más “siempre” aún hay en ti.
Tú
eres sinónimo de siempre.
Y
los que nos cruzamos en tu camino, sabemos que ese cruce es ya para siempre.
Gracias
por creer en mí más que yo misma, por la fe. Gracias por ayudarme a crecer,
porque tú siempre siembras vida.
Así
que, que cambie todo… que cambie la ciudad, el trabajo, el dinero… que cambie
todo eso que importa tan poco, pero que no cambie el amor.
10
años después de empezar a querernos, aquí seguimos.
Vamos,
a seguir llenándonos, de Jony y de Maik, de rice, lemaos, zartis y Toshiba
(¿qué es Toshiba?). Vamos a seguir apretándonos la cabeza con las manos y fundiéndonos en abrazos infinitos (¨nena, estás muy flaca…
cómete un bocadillo¨)
Vamos
a por un “pasado, presente, futuro” lleno de SIEMPRE.
- “La verdad es que nunca he sabido por qué me quieres
tanto”
- “Ya, yo tampoco lo sé”
Has
de saber ahora tú, que yo también te quiero, montañita.
L.
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